La Pistola de Duelo

 

fabricación (parte 3ª)

 

Por José Ramón Galán Talens

Demostración durante la Feria Armera de Eibar.                

  

MECANIZADO

Las piezas que componen la llave incluida la platina, así como los trabajos que requieren los cañones para su acabado, son mecanizados por D. Félix Sarriugarte en su empresa familiar de mecanizados cuya ubicación es vecina de la que nos ocupa, siendo su principal suministrador de piezas conformadas.

No quiero dejar pasar la ocasión para agradecer a esta magnifica persona que es Félix, amen que un gran profesional y mejor persona, la amabilidad que tuvo al enseñarme personalmente todo el proceso de mecanizado de los cañones y algunos de los elementos que componen la llave, nuez, fiador, puente, mosca, platina y elementos de puntería. Para ello y para que comprendiera los métodos empleados, llegó incluso a preparar algunas de las fresadoras, pues para un profano como el autor, resulta difícil comprender como a partir de una barra de acero redonda, sale un cañón como el de la pistola de mecha, uno de los mas complejos que conozco, tal y como pude comprobar al ver la cantidad de procesos que intervienen en su mecanizado exterior.

Al realizarse en series cortas, las piezas mecanizadas se entregan de una manera bastante burda, valga la palabra como definición descriptiva, que no despectiva. Todas ellas requieren de mucho trabajo de lima y pulido hasta alcanzar la forma definitiva, y en el caso de la llave, imaginaros que hay que retocar y conformar todas y cada una de las piezas hasta que su funcionamiento y ajuste sea el correcto. No es que no se puedan fabricar de forma exacta y precisa, pero son procesos industriales muy alejados del espíritu de nuestro amigo Jesús que prefiere terminar cada uno de los elementos que componen la pistola, ajustándolos hasta que el funcionamiento sea preciso.

 

Dando forma al espejo. Preparando la platina de la llave.

 

Para fabricar la nuez y el fiador de disparo, se parte de un bloque de acero F111 torneado, que posteriormente se cementa, un tratamiento cuyo objetivo es el de endurecerlo superficialmente por carburación (proceso en el que se combinan el carbono y el hierro para producir acero), enriqueciéndolo en carbono. Ambas piezas tienen una misión crucial en el funcionamiento del arma, pues son las encargadas de efectuar el disparo. Estas son trabajadas en bruto cuando el metal esta “dulce” hasta dejarlas perfectamente ajustadas, momento en el que se procede a desmontarlas y calentarlas hasta unos 800 grados, sumergiéndolas en polvo de cementar, que es un compuesto de materia orgánica (carbono), y seguidamente se enfría en agua. Con esta operación las piezas resultantes quedan extremadamente duras superficialmente (solo unas micras), un aspecto que favorece que el diente del fiador “resbale” con un mínimo de arrastres. Es muy importante que ambos elementos, nuez y fiador, tengan la misma dureza, ya que de lo contrario, uno de ellos se desgastará mas rápidamente, variando la presión del disparador, y llegando incluso a no permitir el armado de la llave, especialmente cuando el muelle del fiador esta muy débil.

Es muy frecuente que los tiradores aficionados intenten ajustar la llave modificando los ángulos de ataque del diente de fiador y/o muesca de la nuez, consiguiendo en algunas ocasiones resultados aceptables, pero descuidando dar el tratamiento final de cementado, que les llevará a un rápido desajuste de la llave. En caso de tener que modificar estos elementos a nuestras preferencias, nos aseguraremos de terminar la operación cementándolos, tratamiento simple descrito anteriormente. Para los que no dispongan de horno para calentar a esta temperatura, pueden emplear cualquier otro medio, pero teniendo en cuenta que el metal no debería pasar del rojo oscuro, también llamado rojo cereza (700-800º), ya que si sobrepasamos en mucho esta temperatura (rojo claro o blanco, >1100º) quemaremos el metal perdiendo alguna de sus propiedades. Una de las pruebas que nos indica el éxito del cementado, es que la lima resbale sobre el metal sin “agarrarse”. En caso de considerar que la pieza nos ha quedado muy “agria” (dura pero frágil) procederemos a un ligero revenido a 130-180 grados, dejando enfriar lentamente, con ello rebajaremos sensiblemente la dureza pero mejorando la tenacidad del metal.

Este tratamiento esta indicado para piezas que no deban sufrir golpes, y según me comentaba Félix, estos mecanismos se fabricaron originalmente con hierro dulce (F1), pero en la actualidad la mayor parte de este metal proviene del reciclado y resulta muy difícil encontrar hierro en su estado mas puro, recurriéndose al acero F111 que es el que tiene unas características mas similares al original.

La rabera o tornillo de la recámara es uno de los componentes que requieren mas mano de obra para su terminación, pues a partir de una pieza obtenida por microfusión, se tiene que mecanizar todo por procedimientos manuales, taladro y rosca de la chimenea, taladro y rosca de la recámara, comunicación de fuego entre chimenea y recámara etc.

Respecto del cañón, se parte del mismo ya terminado interiormente, es el momento de acabar el exterior del mismo. Este mecanizado varía en función del arma a que se destine, por ejemplo, para las pistolas de bajo precio del tipo Imperio, se parte de barras primarias con la forma hexagonal, tan solo necesitan del rebaje o vaciado del centro de cada una de sus caras vistas. Mientras que para las pistolas de gama alta, Galand y Manton, se parte de barras redondas a las que se les dará una forma octogonal y troncocónica. Los cañones para pistolas de tipo medio como la Rochatte, se mecanizan de forma redonda y se le suelda una solista en la parte superior. Respecto del que se destina a la pistola de mecha y tal y como he relatado anteriormente, resulta extremadamente complejo, pues aparte de redondo troncocónico, lleva el brocal fresado de forma octogonal con transición hasta el redondeado en bisel, así mismo, los elementos de puntería, la cazoleta o fogón y las guías de sujeción están mecanizados y soldados al mismo.

En pleno siglo XXI acostumbrados a ver las fotografías con que nos obsequian en algunos catálogos de fabricantes de armas, enseñando sus mejores maquinas herramientas de control numérico totalmente automatizadas, me he sumergido en el mundo tradicional, tal y como se realizaba el trabajo originalmente cuando fueron concebidas estas pistolas, con los torneros y fresadores ajustando cada maquina para que realizara el trabajo deseado, con los planos y anotaciones manuscritas muy cerca para no equivocarse, estudiando cual era el proceso mas apropiado para conseguir el proyecto final, etc...

   

El resorte principal de la llave es sometido a una dura prueba. Solo los muelles que la superan serán instalados en nuestras pistolas.

 

PULIDO, PAVONADO Y JASPEADO

Son las tres operaciones últimas en el tratamiento de los metales. La primera consiste en eliminar las huellas de mecanizado y aristas vivas o cortantes, tanto del cañón, como del resto de guarniciones metálicas para su posterior tratamiento térmico o químico. En el cañón cobra especial importancia, pues se precisa de un perfecto pulido exterior para que el pavonado, negro brillante (en las pistolas que lo llevan), aparezca bello, homogéneo y sin cambios de apariencia. Este tratamiento químico lo lleva a cabo un artesano especializado exclusivamente en ello. Comienza con un lavado y desengrasado de las piezas a tratar, seguido del procedimiento en si mismo, que no es mas que una oxidación controlada, tras la cual y después de otro lavado, se entregan terminadas y listas para montarse en el arma a que están destinadas.

El jaspeado en cambio, es un tratamiento térmico que embellece los metales, al tiempo que aumenta su dureza, dotándolos de una indudable protección contra los golpes, rozaduras y corrosión. La pistola Galand, es la única que lleva todas sus guarniciones (excepto el cañón pavonado en negro brillante) este tratamiento, que personalmente, me resulta agradable a la vista. Los cañones no son tratados de esta manera porque requieren de unas propiedades distintas a las que se obtienen con este tratamiento.

 

 

MICRO FUSIÓN

Es una técnica empleada para obtener piezas metálicas de pequeño tamaño en series cortas, con un aceptable nivel de calidad y precio. Para ello utilizan una de las técnicas mas antiguas que existen, la denominada “a la cera perdida”. Esta consiste en verter cera liquida en el interior de un molde exacto de la pieza que vamos a reproducir, y que al enfriarse será fiel reflejo del original. A continuación se extrae y recubre con una pasta de material refractario similar a la porcelana que se deja endurecer. Esta capa refractaria o muchas de ellas, con el modelo de cera dentro, se recubre de arena y se cuece el molde resultante. Durante el proceso, la cera se derrite eliminándose del molde, operación que lo dejará listo para recibir la amalgama de acero líquido. Una vez enfriado, por vibración se desprende el material refractario que sirvió de molde y ya tenemos la pieza terminada e idéntica al original.

Este método es empleado actualmente en la producción de algunos componentes de las pistolas, como la coz, el martillo y algunas raberas o tornillo de recámara solidario con rabera. La calidad de las piezas resultantes depende de la perfección del molde y de la amalgama empleada, resultando altamente satisfactoria en las empleadas por Arsa, como queda patente en las fotografías que acompañan este trabajo.

A pesar del correcto acabado de estos componentes, aun requieren de un cierto mecanizado, que en el caso de la rabera, es muy importante, pues se debe realizar la rosca del tapón, taladro de chimenea y roscado, así como la comunicación de la misma con la recámara. Todo ello se hace por métodos totalmente manuales, con los resultados que podremos apreciar.

Hoy como ayer (siglo XIX), siguen fabricándose las pistolas de la misma manera, si bien el empleo de fresadoras en alguna fase del mecanizado de los elementos, adelanta el trabajo del ajustador, al tiempo que abarata costes, mas si tenemos en cuenta que en el pasado al que nos referimos, un estuche de duelo o desafío, costaba una pequeña fortuna, comparable al precio de una casa pequeña, y daba trabajo a varias personas durante bastantes meses, años si la ornamentación era muy recargada. Actualmente y para una calidad similar, el tiempo se ha reducido bastante, al igual que el precio, ya que por menos de 600 €, es posible hacerse con uno de estos estuches completo, aunque si lo queremos personalizado con grabados y tallas de madera exclusivos, habrá que añadir muchos mas euros.

   

Ajustando la caña o puntal. Quitando el exceso de material en contrallave.

 

 

LA LLAVE

Llamada “chispa” por los armeros vascos, “eslabón” en América del sur, “key” en los países anglosajones, “pañ” en Cataluña y “clau” en Valencia. Es el elemento encargado de disparar el arma a través de un mecanismo cuando recibe la orden del usuario mediante la presión de la cola del disparador. Su misión es la de golpear el fulminante o rastrillo si fuera un arma de chispa. De su correcto funcionamiento del disparador depende en gran manera la precisión del arma, siendo uno de los elementos donde los tiradores concentran mayores esfuerzos en adaptar a sus preferencias. Mas o menos recorrido del fiador de disparo, en el peso del disparador (fuerza que aplicamos al fiador para que se libere), son los temas que mas debates generan entre aficcionados.

Las piezas principales que componen la llave, son las siguientes:

Todas las piezas que componen la llave, son retocadas y ajustadas a mano por el artesano, pues del taller de mecanizado salen inacabadas, tan solo el muelle real sale perfectamente terminado, no así el de fiador, que debe ajustarse para conseguir la fuerza justa y necesaria para el buen funcionamiento del mecanismo.

El trabajo de montaje del sistema de disparo comienza por disponer de la platina con los taladros y roscas necesarias. A continuación se ajusta la nuez para que gire sobre su eje sin holguras ni rozamientos, retocando el “cuadradillo” (parte que sale al exterior de la llave y que sirve como eje del martillo) y eliminando las “rebabas” indeseables del mecanizado. El fiador, su muelle, la “mosca” y el puente, se ajustan de igual manera para que permitan el normal funcionamiento de la llave. Terminadas estas operaciones, se instala el muelle real que no precisa de ningún ajuste (en algunos casos se le atenúa la fuerza), para finalizar con el martillo, al que hay que perforar el eje donde engranara con el cuadradillo de la nuez y quitar el sobrante de la fundición, dándole la forma final.

Una vez que esta todo montado, se prueba y ajustan las tensiones hasta que el disparador queda al gusto del armero, finalizando con el cementado de la nuez y fiador (descrito anteriormente).

Este método por el que se endurece la parte exterior de las piezas reseñadas, se lleva utilizando desde antiguo por la mayoría de armeros de dentro y fuera de nuestras fronteras, ya que tiene características destacadas, que según me explicaba Félix Sarriugarte, experto en metalurgia, esta indicado para metales que deban trabajar con máxima resistencia al rozamiento.

Para finalizar, se monta de nuevo la llave y se prueba, tratando de descubrir posibles roces que deban ser retocados. En caso de que pase este control de correcto funcionamiento, se desmonta de nuevo toda la llave y se lleva la platina para proceder al grabado de los motivos y/o marcas que requiera. En el caso de la pistola Galand, los grabados son motivos florales y geométricos delimitándola.

El pulido de la platina la dejará preparada para el último tratamiento de belleza y protección, el pavonado o jaspeado, pues cada pistola lleva un tratamiento distinto. Personalmente me gusta mucho el jaspeado, por ser agradable a la vista y resistente.

 

BANCO DE PRUEBAS DE EIBAR

Actualmente para emplear armas de avancarga (polígonos de tiro) en España, es obligatorio estar en posesión de la licencia tipo AE, aunque también es posible con solo el DNI, adquirir hasta dos armas con la limitación que no pueden ser usadas como tales, es decir no pueden ser disparadas, tan solo se pueden tener como colección.

El banco de pruebas es el medio por el cual se certifica mediante un documento y unos punzones marcados sobre el mismo cañón, que el arma ha sido probada a la presión de 700 Kg./cm y cumple los requisitos para poder emplearla con seguridad dentro de los márgenes corrientes de uso.

Cuando las armas están terminadas, se llevan a este laboratorio para la efectuar la prueba con unas cargas de pólvora negra mayores de la que se consideran como adecuadas para el tiro normal. Se efectúan varios ensayos y posterior inspección del arma para verificar su estado. En caso de que el resultado sea satisfactorio, se le pondrán los punzones que lo garantizan. También cabe la posibilidad que un ciudadano propietario de un arma antigua quiera saber si el arma esta en condiciones de uso, para ello puede enviar la misma para que se le efectúen las pruebas oportunas que certifiquen su viabilidad de uso, o en caso contrario, su nulidad para ello.

Los punzones de este banco de pruebas para armas de pólvora negra son 3 círculos formando triángulo y  un escudo de armas con una “X” y yelmo en la parte superior.

De forma obligatoria, todas las armas fabricadas en nuestro país deben pasar el control del banco de pruebas para poder ser documentadas y por tanto autorizadas para su uso, siendo una garantía de seguridad añadida a la del propio fabricante.

   

La pistola con los elementos que la componen ya ajustados. Tratando al aceite una tapa de estuche.

 

FABRICACIÓN DE ESTUCHES

La fabricación de pistolas de duelo siempre fue en forma de parejas, reminiscencia de las pistolas de arzón, con las que se dotó a los oficiales de la mayor parte de los ejércitos, y como su propio nombre indica, se llevaban en el “arzón” de su montura, una a cada lado del mismo y dispuestas para efectuar dos únicas descargas sobre las formaciones enemigas y continuar con el sable. Fueron estos caballeros los primeros en emplear este tipo de armas para dirimir sus cuestiones en lugar del sable, ya que las diferencias de edad y destreza son menos acusadas con la pistola que con el arma blanca, donde un joven avezado tendría ventaja sobre una persona de mayor edad.

La evolución natural hizo que las familias pudientes se hicieran con estuches que contenían el par de pistolas y todos los elementos necesarios para su carga y disparo. Estaban destinados exclusivamente para este uso, los desafíos, también denominados “duelos de honor”, una forma “natural” de dirimir las diferencias entre caballeros de una cierta reputación. En la actualidad no se consigue entender demasiado la razón de estos, pero en el momento en que se desarrollaron, estaban generalmente justificados y tuvieron fuerte repercusión social, pero eso es materia para un próximo trabajo.

Las cajas de madera noble, se trataron y tratan con el mismo cuidado y técnica que la reseñada para las culatas, presentando similar aspecto. El aspecto exterior es sobrio, destacando como único detalle decorativo el hilo de latón u oro que se inserta alrededor de la misma y la placa con el emblema o nombre del propietario.

En la actualidad, son pocos los artesanos que se dedican a esta labor, ya que el estuche de duelo solo se requiere con fines decorativos, siendo su demanda muy escasa. En el taller que nos ocupa, Elisa Santiago se encarga de realizar unos magníficos estuches forrados en terciopelo, generalmente rojo, a imagen de los del siglo XIX, conteniendo las pistolas y accesorios de tiro que con mano diestra realiza el maestro Araquistain.

 

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